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Infecciones en el adulto mayor

Dr. Rodrigo Riofrío Montero

Medicina Interna

La expectativa de vida ha aumentado exponencialmente en las últimas décadas en el mundo occidental, gracias a los avances en los conocimientos de la medicina y las nuevas terapias farmacológicas. Adicionalmente, hay una marcada disminución de la tasa de natalidad, lo que redunda en un envejecimiento de la población como tendencia demográfica.

Es por ello que existe una valoración cada vez mayor por reconocer las patologías infecciosas que con más frecuencia producen morbi-mortalidad en los adultos mayores, ya que de  una u otra forma, repercuten en la salud pública de nuestro país.

Los cuadros infecciosos que con mayor frecuencia se presentan en el adulto mayor, están asociados a tres focos: el respiratorio, el urinario y el gastrointestinal. En cada caso se reconocen patologías que se deben evaluar y reconocer para la aplicación de sus respectivos tratamientos.

En el primer caso, asociado al sistema respiratorio, la patología de mayor incidencia en el adulto mayor es la neumonía. Este cuadro infeccioso puede ir de un cuadro simple, que puede ser manejado con tratamiento antibiótico ambulatorio, o presentarse con un cuadro grave que amerite hospitalización y soporte hemodinámico y ventilatorio.

La neumonía se caracteriza por comprometer el estado general del paciente, presentándose fiebre de distinta cuantía, tos con expectoración mucosa o muco-purulenta y distinto grado de dificultad respiratoria, además de un marcado decaimiento. Puede ser producido por distintos gérmenes, y en cada caso se recomienda un chequeo radiográfico para evaluar la extensión de la enfermedad y evaluar a su vez si hay presencia de complicaciones pleuro-pulmonares secundarias.

Una vez que se ha diagnosticado la neumonía, hay que iniciar prontamente un tratamiento antibiótico y, dependiendo de las condiciones generales del paciente y patologías de base, se efectuará en forma oral, ambulatoria u hospitalizado.
Normalmente si no hay complicaciones, es  un cuadro autolimitado de más menos 7 a 10 días de evolución, que requiere controles posteriores, tanto clínicos como radiológicos

La segunda de las patologías a destacar es la infección urinaria (ITU), cuadro cada vez más frecuentes de observar en el adulto mayor. En el caso de las mujeres, ésta se da con más frecuencias por condiciones que favorecen la colonización bacteriana del tracto urinario, y en el caso del hombre, se relaciona principalmente a patologías obstructivas de la vía urinaria, principalmente prostáticas.

Normalmente, se sospecha del cuadro ante la presencia de síntomas irritativos vesicales, como disuria (ardor al orinar), poliuria (aumento en la orina diaria), tenesmo vesical (sensación de no eliminar toda la orina) y/o hematuria (sangre en la orina); todo esto, frecuentemente asociado a fiebre que es variable en su intensidad y compromiso secundario des estado general

La forma de hacer un correcto diagnóstico, es mediante un  examen de orina más sedimento y un urocultivo que indicará si hay crecimiento bacteriano. El tratamiento es con antibióticos dependiendo del germen en el urocultivo y de las condiciones basales, pudiendo administrarse en forma oral (ambulatoria) o endovenoso (hospitalizado).

Por último, y asociado al sistema gastrointestinal, una patología común en la tercera edad es la enterocolitis. La frecuencia de localización enteral de infecciones en el adulto mayor ha ido disminuyendo en los últimos años, principalmente por una higiene alimentaria mayor y un también mayor acceso a salud por parte de los pacientes.

Ante los síntomas iniciales de estos cuadros como decaimiento, dolor abdominal, vómitos y diarrea, hay que descartar si son producidos por etiología viral o bacteriana, ya que el pronóstico y tratamiento cambian entre una y otra. Normalmente son cuadros autolimitados en 5-7 días, pero tienen la complicación de poder producir deshidratación, lo que aumenta su morbilidad. Ante la sospecha de infección bacteriana se debe realizar un examen de coprocultivo, para confirmar la etiología y adecuar el tratamiento antibiótico.

Para concluir,  siempre hay que estar atento ante la sospecha de que un adulto mayor presente alguno de estos tres cuadros infecciosos, principalmente cuando éste manifieste algunos síntomas como fiebre, decaimiento  asociado a cualquiera de los otros síntomas señalados por cada sistema. El tener una rápida atención en salud implicará menor riesgo para el paciente y evitará complicaciones a futuro en la evolución natural de la enfermedad, mejorando su pronóstico en general.