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Cáncer de Próstata

Dr. Miguel Aguilar
Urólogo

El envejecimiento se asocia a una serie de acontecimientos en la esfera urológica que hacen pertinente un chequeo y control médico periódico. La disfunción eréctil, la baja del apetito sexual, las molestias para orinar asociadas al crecimiento prostático y la posibilidad de contraer un cáncer de próstata, son algunas de estas enfermedades, de las cuales las tres primeras son patologías benignas que tienen tratamientos efectivos, pero la última es una enfermedad tumoral cuyo pronóstico dependerá del grado de avance en que se encuentre y de la edad del paciente al momento del diagnóstico.

El cáncer de próstata es una enfermedad de alto impacto en Chile, siendo el tumor maligno más frecuente en los hombres y la tercera causa de muerte por cáncer después del  pulmonar y colorrectal, estimándose aproximadamente mil quinientos muertos por año en nuestro país. La mayor cantidad de casos se diagnostican entre los 45 y 90 años, con una mediana de edad de 72 años, pudiendo llegar a afectar a dos tercios de la población mayor de 80 años, aunque muchos de estos tumores convivirán con el paciente en forma asintomática sin llegar a producirle la muerte.

Dentro de los factores que influyen en la aparición del cáncer de próstata están la edad, la historia familiar de cáncer prostático, la raza (principalmente afroamericanos) y la dieta; de los cuales, los primeros tres son factores no modificables y sólo nos queda para intervenir el factor dietético. Se sabe que las comidas ricas en grasas y frituras aumentarían la posibilidad de contraer un cáncer de próstata, y que el consumo de vegetales crucíferos ricos en antioxidantes  como el brócoli, coliflor, rábano, nabos y otras, las disminuiría.

Una dieta preventiva debería estar compuesta por aproximadamente 8 a 10 raciones de frutas y vegetales, 1 a 2 raciones de tomates, de 30 a 50 gramos de soya, 2 a 4 tazas de té verde y la ingesta de alimentos ricos en vitamina E, C y D todos los días. Durante los últimos años la industria farmacológica ha trabajado en la elaboración de medicamentos que disminuirían el riesgo de contraer cáncer prostático, los que podrían ser utilizados en aquellos pacientes de mayor riesgo, como los que poseen familiares de primer grado con esta enfermedad.

El diagnóstico del cáncer de próstata se basa en el tacto rectal que realiza el urólogo y el examen sanguíneo de antígeno prostático específico (APE). Es importante hacer notar que esta enfermedad no tiene síntomas específicos y que cuando el paciente siente molestias es sólo en la etapa avanzada del tumor, donde ya no existe posibilidad de realizar un tratamiento curativo. Es esta la razón por la cual existe un programa de control urológico preventivo en los hombres mayores de 45 años, los que tendrían que consultar al urólogo al menos una vez por año para realizar un diagnóstico precoz y poder realizar un tratamiento curativo.

El APE es otro pilar importante en el diagnóstico del cáncer prostático, que desde su utilización a comienzos de los años noventa ha aumentado el diagnóstico de tumores en sus etapas iniciales y ha disminuido el diagnóstico de los tumores avanzados, aumentando la esperanza de vida los pacientes. Es importante hacer notar que el valor absoluto de éste o el valor de referencia que entrega el laboratorio, no es garantía de un examen normal. El APE es un examen dinámico, que es valorado por el urólogo en los controles anuales, de acuerdo al comportamiento del paciente a través de los años, el tamaño de la próstata y la edad que éste tiene.

Cuando el tacto rectal es sospechoso de tumor o cuando el APE tiene un comportamiento anormal, se requiere realizar una biopsia prostática para descartar esta enfermedad, la que se realiza en forma ambulatoria y con anestesia local.

Si se diagnostica un cáncer prostático el paso siguiente es definir si corresponde a un tumor localizado en la próstata o un tumor avanzado o metastásico. Esto tiene especial importancia en el pronóstico vital del paciente. Si el tumor está localizado dentro de la glándula prostática y el paciente es sometido a un tratamiento adecuado, tiene una posibilidad de estar libre de enfermedad a 10 años en un 90 por ciento. Pero si el tumor ya se ha diseminado hacia los huesos, la posibilidad de estar vivo a 5 años es de un 20 por ciento con un promedio de sobrevida global de 2 años.